No somos culpables de la crisis económica y del paro

Más de 500.000 españoles indignados copamos las calles el 19 de junio. Más de 30.000 en Zaragoza.

Contra el “Pacto por el Euro” fue el clamor popular de los miles de indignados españoles que nos manifestamos el día 19 de junio en las principales ciudades españolas, al igual que en otras ciudades europeas. La asistencia a la convocatoria fue mayor que la del pasado 15 de mayo, lo que echa  por tierra las expectativas de los agoreros que creían que el movimiento ciudadano se disiparía después de la elecciones locales y autonómicas. Nada más lejos de la realidad, el movimiento ciudadano cada día tiene más fuerza, más capacidad de convocatoria y más fuerza de convicción. El clima pacifico y reivindicativo fue el síntoma general en todas la manifestaciones habidas a lo largo y ancho del territorio español, ni un solo incidente. Solo cuando elementos provocadores se infiltran en las manifestaciones -como ocurrió en Cataluña- se producen disturbios. El Gobierno de Artur Mas y su consejero el Sr. Puig deberán dar explicaciones de lo ocurrido en Cataluña. Asimismo deberán rectificar los políticos y medios de comunicación que acusaron al movimiento del 15 M de practicar la kale borroka o guerrilla urbana. Criminalizar la indignación de los ciudadanos no es buen síntoma democrático.

Ahora bien, el seguir ocupando las plazas de las ciudades no da buena imagen entre los ciudadanos que apoyan al movimiento del 15 M. Es hora de levantar los campamentos okupas en las plazas. Estos compañeros se tienen que dar cuenta que su aptitud en nada beneficia al movimiento del 15 M. Hay otras formas de participación, como las asambleas que realiza Democracia Real Ya, donde se realizan y evalúan propuestas y resoluciones.

El descontento social y la indignación siguen latentes, ni nos callamos ni nos callaran mientras siga abierta la brecha social entre el malestar de los ciudadanos y las políticas que se aplican en las instituciones. El sistema financiero que ha puesto en crisis a la economía real necesita amplias reformas y no al revés. Los ciudadanos que estamos hartos e indignados no deberíamos de ceñirnos única y exclusivamente al movimiento del 15 M, deberíamos de hacer participes de nuestra indignación a los amplios sectores de la clase trabajadora que todavía siguen paralizada, presionando a los sindicatos mayoritarios que están desconectados de este nuevo fenómeno, así como hacer un llamamiento a los trabajadores más combativos de dichos sindicatos y a los afiliados y militantes de los partidos de izquierda. Hay que tener en cuenta que a las manifestaciones que se han convocado hemos asistido afiliados y militantes de base de partidos políticos de izquierda, y es nuestro deber y obligación el concienciar a nuestros compañeros de los partidos políticos para que se sumen al movimiento ciudadano del 15 M y exijamos a nuestros dirigentes una democracia real dentro de los mismos. Entre todos, unidos, podremos combatir con más fuerza  contra los recortes sociales y el mantenimiento del estado del bienestar e impedir las privatizaciones y externalizaciones que los sectores liberales y ultraliberales quieren llevar a cabo. Hemos culminado otra etapa, pero aún quedan otras. El movimiento no ha hecho más que empezar.

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