No somos culpables de la crisis económica y del paro

Historia del mundo financiero

Desde que William Paterson y sus socios fundaron el Banco de Inglaterra en 1694 con el beneplácito del Gobierno Ingles, el mundo financiero ha ido expandiendo sus tentáculos en toda la orbe del planeta controlando gobiernos y sectores productivos.

William Paterson al obtener del Gobierno Ingles la carta de constitución del Banco de Inglaterra dijo que la gran ventaja de los bancos es crear dinero de la nada a través del interés que generan los prestamos de dinero.

Esencialmente el capitalismo financiero reorganizó los diferentes métodos locales de manejo de dinero y crédito y los reagrupó en un método único e integrado que funcionó con facilidad durante décadas. El centro de este sistema estaba en Londres aunque con importantes delegaciones en París y Nueva York dejando como su más importante legado un sistema bancario que manejó los grandes capitales necesarios para la industria pesada (factorías de acero, minas de carbón, ferrocarriles y plantas generadoras de energía eléctrica). El sistema bancario residía en Londres por cuatro importantes razones. La primera era que el mayor volumen de ahorro se encontraba en Inglaterra. La segunda fue que en Inglaterra estaba dominada por una oligarquía que basaba su poder en una distribución de nada equitativa de la renta. La tercera razón estribaba en que esta clase oligárquica conformaba una forma de aristocracia aunque no necesariamente de ascendencia noble ya que la cúpula estaba siempre dispuesta a reclutar servidores entre las clases inferiores tanto de dentro del país como de fuera de él. En este ámbito se deben englobar tanto sus testaferros de ascendencia judía centroeuropea como las familias de origen estadounidense y algunos otros autóctonos pertenecientes a las clases bajas. Cuarta (y no menos importante) la habilidad manipuladora en el ámbito financiero que esta oligarquía bancaria británica mostró en el ámbito internacional. Además se preocuparon por centralizar cualquier actividad bancaria y financiera en Londres, incluyendo los seguros, para tejer una única red financiera global que conduciendo el flujo de capitales conseguía influenciar a industrias y gobiernos, cuando no controlarlos totalmente.

Los hombres que llevaron a cabo este proyecto se inspiraron en las monarquías en las cuales hundían sus propias raíces para formar sus propias dinastías internacionales de banqueros, poniendo en práctica muchas de las reglas políticas que hicieron sobrevivir a las primeras. La más grande de estas dinastías fue la formada por los descendientes masculinos de Mayer Amschel Rothschild, 1743-812, que al menos durante dos generaciones establecieron con frecuencia matrimonios entre primos y sobrinos. Los cinco hijos varones de Nathan Meyer fueron impelidos por el padre a establecer filiales de su casa bancaria en cinco ciudades, Viena, Londres, Nápoles, París y Fráncfort para expandir su poder por toda Europa. Ésta táctica intentó ser copiada por otras dinastías bancarias pero sin el mismo éxito. No por centrar nuestra atención en sus actividades financieras y comerciales debemos perder de vista otros de sus atributos, como su cosmopolitismo exacerbado que por ejemplo llevó a los Rothschild durante la década de 1830/40 a dedicar toda su influencia en mantener la paz y evitar la guerra en Europa por cualquier medio.

Poseían una educación tan exquisita que les llevó a convertirse en referentes de la educación, la cultura y el arte. El patrocinio que ejercieron sobre universidades, cátedras, orquestas sinfónicas, bibliotecas y museos todavía refleja su magnificencia hasta el punto que siguen ejerciendo un modelo de patrocinio sobre las fundaciones actuales. Los nombres de algunas de estas familias nos siguen resultando familiares aunque deberían serlo más aún. Hablamos de los Baring, Lazard, Erlanger, Warburg, Schroder, Seligman, Speyers, Mirabaud, Mallet, Fould, y por encima de todos ellos, Rothschild y Morgan. Incluso después de que se implicaran en las industrias nacionales gracias al capitalismo financiero seguían existiendo muchos aspectos que los diferenciaban de otros banqueros:

1) Eran cosmopolitas e internacionales

2) Gozaban de una proximidad envidiable con los gobiernos y los centros de poder gracias a lo cual accedían a la financiación de la deuda pública de los estados incluyendo aquellos que a primera vista parecerían poco rentables o con mucho riesgo como el Imperio Otomano, Egipto, Persia, China Imperial e Iberoamérica.

3) Sus intereses se centraban en el manejo y el control de la deuda, pública y privada, y no en mercancías puesto que las primeras tenían mayor liquidez, un factor que ellos perseguían.

4) Eran unos ardientes seguidores de la estabilidad monetaria, combinada con altos tipos de interés, y del patrón oro.

5) Consideraban el secreto bancario, especialmente en lo que se refiere a su manejo político, una de las herramientas más importantes de su profesión.

Estos banqueros internacionales pasaron a conocerse como banqueros mercantiles en Inglaterra, privados en Francia y de inversión en Estados Unidos. Resultaban completamente diferentes al resto de la clase financiera, dedicada a las entidades de ahorro u otras especializaciones bancarias. Otra de las características de esta clase especial de banqueros era que no se conocía prácticamente nada acerca de sus entidades y clientes hasta la llegada del moderno sistema impositivo. Nunca aceptaron ser fiscalizadas o intervenir conjuntamente con el Estado formalmente debido a que su persistencia en el anonimato y el secreto les garantizaba un enorme poder público, la ruptura de este secreto era para ellos tan temida como la inflación.

Las firmas como Morgan y otras más de la fraternidad bancaria internacional operaban de acuerdo con grandes corporaciones y gobiernos de tal manera que estos tres elementos terminaban por conformar una oscura sociedad de intereses privados. La influencia del capitalismo financiero y de los banqueros internacionales que lo crearon, no podría haber subsistido sino hubiera conseguido convencer al mundo de los dos axiomas sobre los que depende todo su poder. Estos axiomas se sostenían en la tesis de que los políticos eran demasiado débiles debido a las presiones electorales para confiarles el control del dinero, por consiguiente el valor del dinero debe protegerse basando el valor del dinero en el oro y permitiendo que los banqueros controlen la fuente del dinero. Para hacer esto era necesario encubrir, distorsionar y mentir al pueblo sobre la naturaleza del dinero y los métodos de control y operación.

Es absolutamente imposible entender la historia del siglo XX sin la adecuada comprensión del papel del dinero y su control por los banqueros tanto en la política interior como en la exterior.

En la mayoría de los países la fuente del dinero adoptó un a estructura piramidal invertida equilibrada en su punta, que vendría a significar el oro y sus certificados de equivalencia. Los niveles intermedios eran los relativos a los billetes, y la base de nuestra pirámide invertida equivalía a los depósitos. Cada nivel superior utilizaba los que tenía debajo como reservas, siendo cada nivel inferior más sano (convertible) que el que tenía por encima. Los billetes impresos por los bancos centrales y emisores estaban asegurados por las reservas de oro o por los certificados de depósito. La fracción de reserva de oro dedicada a garantizar los pagos dependía de las regulaciones bancarias. Los bancos centrales y emisores eran instituciones privadas que se beneficiaban de estas operaciones.

Los depósitos efectuados en la parte superior de la pirámide invertida se dividían en dos tipos:

1) Depósitos residentes, compuestos de efectivo depositado sobre el que el depositante recibía un interés

2) Depósitos creados, apuntes contables de préstamo concedidos por el banco sobre los que el depositante pagaba un interés Ambos modelos forman parte del suministro de dinero. Los depósitos residentes o alojados al ser una forma de ahorro y retirar dinero del mercado son deflacionistas, mientras que los depósitos creados, al ser un aumento del circulante son inflacionistas.

El volumen que los bancos de depósito pueden crear equivale realmente a la cantidad de apuntes contables que generan dependiendo del volumen de reservas disponibles para pagar la fracción de cheques que son cobrados en vez de depositados. En los EEUU los apuntes no podían superar un número equivalente a diez veces las reservas de efectivo y oro, aunque en Inglaterra esta cantidad se duplicaba. En la mayoría de los países los bancos centrales eran vigilados estrechamente por bancos de inversión privados, que operaban de manera secreta y que a menudo llegaban a ejercer el control sobre la entidad emisora. Al igual que el planeta Mercurio sólo puede verse por la reflexión que hace de la luz del sol, estos bancos sólo podían ser vistos por el reflejo del banco Central. Aún así un observador poco experimentado apenas vislumbraría las asociaciones de estos banqueros internacionales. Por ejemplo, las familias que se habían hecho con el control del Banco de Francia en 1800, aún lo controlaban en 1936 y en Inglaterra existía una situación similar.

En un segundo anillo, alejados del centro, se encontraban los bancos comerciales, denominados “joint stock banks” en el argot de la City y conocidos en el Continente cómo bancos de depósito. En ellos se incluían muchos nombres conocidos, como los británicos Midland Bank, Lloyd´s Bank, Barclays Bank, el National City Bank en EEUU, el Credit Lyonnais en Francia o el Darmstadter bank en Alemania. Fuera de este segundo anillo había un tercero más periférico formado por un entramado de pequeñas instituciones financieras que sin embargo cumplían un papel significante movilizando fondos de particulares. Esto incluía gran variedad de Cajas de Ahorro, compañías de seguros y fondos de inversión. En Francia e Inglaterra los banqueros privados ejercieron mucha influencia sobre sus respectivos bancos centrales y mucha más aún sobre sus gobiernos y su política exterior. Lo mismo ocurrió con la industria tanto en estos países como en EEUU, los bancos de inversión potenciaron con sus inversiones los aspectos que quisieron ignorando el resto. Su poder sobre la clase empresarial y sobre las oportunidades del gobierno a ésta fue enorme.

Las diferentes partes que componían la pirámide se relacionaban libremente entre ellas formando una red poco vigilada. Esto se debía al hecho de que los controles eran obligatorios en dirección a las actividades deflacionistas pero resultaban permisivos en ámbitos inflacionistas. Esto se demuestra por el hecho de que si una onza de oro era agregada a la base de la pirámide significaba un aumento en los depósitos equivalente a 2067 libras en el máximo nivel de la pirámide, sin embargo si la misma era retirada obligaría a una reducción de depósitos por, al menos, la misma cantidad o bien a la denegación de préstamos por un montante equivalente.

A lo largo de la Historia moderna, la influencia del patrón oro ha sido deflacionista porque la cantidad de oro que cada año se añadía al sistema económico, excepto en épocas extraordinarias, no provocaba un aumento de mercancías en la misma medida. Solo el descubrimiento de nuevas fuentes de oro o el desarrollo de nuevas clases de dinero han salvado a nuestra civilización durante los últimos doscientos años. Los tres últimos grandes períodos belicistas (1819, 1873, 1921) terminaron con una crisis deflacionista extrema, siendo el flujo de dinero lo que persuadió a los gobiernos a restablecer una unidad monetaria deflacionista con un alto contenido de oro. La obsesión por el Poder del Dinero1[1] con deflación era consecuencia de su preocupación por la estabilidad monetaria y no por la estabilidad comercial aunque también se fundamentaba en otros factores uno de los cuales resultaba paradójico. La paradoja derivaba del hecho de que las condiciones económicas básicas del siglo XIX eran deflacionistas con un sistema basado en el oro y un sistema industrial que vertía ese oro hacia fuera debido al aumento de la fabricación de mercancías pero a pesar de la bajada continuada de los precios los tipos de interés tendieron a bajar más que a subir. Por otra parte los bancos mercantiles procuraron favorecer la comercialización de bonos en vez de acciones para favorecer la política económica del gobierno antes que los intereses particulares.

Otra paradoja de la práctica bancaria provino del hecho de que estos banqueros tan amantes de la deflación a menudo obraban de modo inflacionista por su impaciencia y avaricia. Al obtener sus beneficios del préstamo a interés su objetivo primordial era aumentar el número de préstamos a pesar de que esta conducta resulta inflacionista. El conflicto bancario entre las ideas deflacionistas y las prácticas inflacionistas tenía repercusiones profundas en el negocio. Los banqueros hicieron tantos préstamos a comerciantes e industriales que el incremento del volumen del dinero fue mayor que el incremento del volumen de mercancías y el resultado consustancial fue la inflación. Cuando se hizo patente, los banqueros intentaron escapar de su propia trampa incrementando los tipos de interés y acortando el número de préstamos, sin embargo aunque funcionó a corto plazo porque les permitía ejecutar las fianzas e hipotecas sobre los préstamos impagados, resultó desastroso a la larga porque se forzó al alza el valor de las fianzas e hipotecas que aseguraban el cobro de los préstamos.

La   manía deflacionaria resultó destructiva a largo plazo para los bancos y la industria. La fluctuación de la masa de dinero, principalmente depósitos, era una de los aspectos más importantes del “ciclo de negocio”. La cantidad de dinero en circulación podía variar cambiando tan solo los tipos de interés o los requisitos de reserva obligatoria de los bancos. Generalmente son los bancos centrales quienes varían la cantidad de dinero en circulación mediante lo que se conoce como operaciones de mercado abierto o influenciando los tipos de interés de algunos grandes bancos. En las operaciones de mercado abierto el Banco Central compra o vende Bonos del Estado en el mercado de dinero. Si compra, lanza dinero al sistema económico, pero si los vende retiene el dinero invertido por la comunidad. Cuando es la reserva federal la que compra entonces los cheques de ésta se depositan en un banco (el vendedor) que aumenta así sus reservas con la Reserva Federal. Puesto que los bancos pueden prestar dinero por varias veces el valor de sus reservas en la FED este modo de operar permite que presten por cantidades enormes. Los bancos centrales también pueden cambiar la cantidad del dinero elevando el tipo de interés lo que obliga al resto de bancos a ajustar sus préstamos al alza. Este mecanismo contrae los créditos porque la demanda disminuye a ese precio. La bajada de los tipos provoca lógicamente el resultado contrario. Hay que señalar que el control de los Bancos Centrales con los bancos comerciales y su política crediticia es permisiva en la primera dirección descrita pero muy restrictiva en la otra. El Banco Central puede obligar a los bancos comerciales a restringir sus préstamos, pero sólo pueden permitir que el crédito aumente, lo que quiere decir que tienen capacidad de control contra la inflación pero no contra la deflación. Esto debe verse como una idea heredada de las antiguas casas bancarias que crecieron en la idea de que la inflación era negativa y la deflación positiva.

Los poderes de gobiernos sobre la cantidad de dinero en circulación son:

a) Control sobre el Banco Central.

b) Control sobre los impuestos.

c) Control sobre el gasto público.

Ya que la mayor parte de los bancos centrales han sido instituciones privadas (al menos técnicamente), el control sobre el Banco Central está con frecuencia basado en la costumbre más que en la ley. A su vez el control sobre los impuestos permite modular la cantidad de dinero en una comunidad, actuando normalmente como una fuerza deflacionista, al contrario que los gastos de gobierno que por lo general funcionan como una fuerza inflacionista. En general, hasta 1931, los grandes banqueros, sobre todo los dueños de los grandes bancos de inversión, fueron capaces de influir tanto en los negocios como en los gobiernos. Podían influir los negocios gracias a su capacidad para expandir o contraer el crédito en una zona o sector económico o bien invirtiendo directamente e influyendo determinantemente en su crecimiento desarrollo. Así los Rothschild invirtieron profusamente en muchos de los ferrocarriles de Europa al tiempo que los Morgan se hacían con el control de 26,000 millas de ferrocarriles americanos. Estos banqueros tomaron el control de las juntas directivas de la industrias igual que antes habían tomado el control sobre los bancos comerciales, cajas de ahorro, aseguradoras y empresas financieras, canalizando capitales desde ellas hasta los sectores que habían decidido controlar materializando dicho control a través de testaferros en la presidencia de la sociedad y aportaciones de capital efectuadas por otros grupos de empresas y bancos menores.

En 1909, Walter Rathenau dijo, “Trescientos hombres, todos relacionados entre sí, dirigen el destino económico de Europa y escogen a sus sucesores entre ellos”. El poder de los banqueros de inversión sobre los gobiernos descansa en la necesidad de estos de emitir letras del tesoro a corto plazo así como bonos del estado a largo plazo. Igual que los industriales y los empresarios acuden a los bancos comerciales para obtener préstamos para poder hacer frente a las normales y habituales necesidades de liquidez, los gobiernos acuden a los bancos para obtener una liquidez que no le aporta la irregularidad de los ingresos fiscales. Como expertos en bonos del estado, los banqueros internacionales asesoraron a los representantes gubernamentales hasta que con el tiempo, y haciendo uso de su influencia, terminaron por colocar a gente de su círculo de confianza en dichos cargos. Esta práctica se volvió tan habitual que en 1961 un banquero de inversión Republicano fue nombrado Secretario del Tesoro por Kennedy sin que este hecho levantase el más mínimo comentario. La influencia de los banqueros sobre los gobiernos durante el desarrollo del capitalismo financiero, aproximadamente de 1850 a 1931, no era algo sobre lo que cualquier persona hablase libremente, pero fue admitido como normal sobre todo en las altas esferas de la política especialmente en Inglaterra. En 1842, Gladstone, Ministro de Hacienda, declaró: “La clave de todo es que el Gobierno no debe ser el poder determinante en los asuntos financieros, estos aspectos debe tratarlos el incuestionado poder supremo del dinero”. El 26 de septiembre de 1921, el Financial Times escribió, “Media docena de responsables de los cinco grandes bancos podrían hundir las finanzas públicas si se abstuvieran de comprar deuda del Estado cuando son requeridos”. En 1924, el señor Drummond Fraser, vicepresidente del Instituto de Banqueros, dijo: “El Gobernador del Banco de Inglaterra debe ser quien dicte los términos y condiciones de los préstamos. El Gobierno sólo debe limitarse a firmar”

Además de su excesivo ascendiente sobre las finanzas publicas a través de su financiación y la incuestionable influencia ejercida a través de hombres de su absoluta confianza, los banqueros influenciaban otros aspectos de la política gubernamental para que ésta se dirigiese en la dirección que ellos deseaban. Al igual que los industriales y empresarios, la mayoría de los funcionarios públicos se consideraban ignorantes en materia financiera y buscaron consejo en los “profesionales”. Pero la historia de los siglos XIX y XX demuestra que los consejos que recibieron de los banqueros siempre era buena para estos y desastrosa para los primeros. Por otro lado y especialmente en el ámbito público, en el caso de que los “consejos” no fueran tenidos en cuenta voluntariamente, terminaban por ser aceptados tras la manipulación por parte de la clase financiera de los tipos de cambio, los flujos de oro, los tipos de interés e incluso la manipulación de la actividad económica. De este modo, Morgan dominó la administración de Cleveland retirando oro y en 1936 las oficinas de cambio de moneda francesa quedaron paralizadas dañando seriamente al gobierno de Francia. La influencia de los banqueros internacionales alcanzó su cénit entre 1919 y 1931 cuando Lord Montagu Norman y John Pierpoint Morgan llegaron a ejercer un control total no sólo sobre el mundo financiero, sino sobre las relaciones internacionales y otros aspectos. El 11 de noviembre de 1927, el Wall Street Journal llamó a Lord Montagu Norman “Dictador de la Europa contemporánea” lo que fue aceptado por éste cuando respondió: “Ejerzo mi hegemonía sobre el mundo”. En 1931 el conflicto de intereses entre banqueros e industriales dio lugar a la subordinación de los primeros tras la adopción de estos últimos de “prácticas financieras poco ortodoxas” que viene a significar que los industriales no están de acuerdo con los intereses de los banqueros a corto plazo.

(Resumen del texto de la obra “Tragedia y Esperanza”. Historia del mundo de nuestro tiempo, de Carroll Quigley. El Dr. Quigley es conocido por haber sido profesor de Historia de Bill Clinton en el Foreign Service School de la Universidad de Georgetown, aunque también ha dado clase en Princeton y en Harvard. Su libro de 1300 páginas Tragedia y esperanza es único entre el resto de los libros de Historia pues aborda la responsabilidad de quienes controlan el sistema financiero y los sitúa detrás de la escena de los sucesos mundiales).

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