No somos culpables de la crisis económica y del paro

La salud pública no es un negocio

Las políticas económicas neoliberales de recortes sociales están poniendo en peligro la salud y la vida de los ciudadanos españoles. Desde el último tercio del pasado siglo XX se vienen produciendo en Europa -época de Margaret Thatcher, Tony Blair y José María Aznar- una transformación intelectual hacia el culto al sector privado y, en particular, el culto a la privatización y externalización de los servicios públicos. En la actualidad, con motivo de la crisis financiera y económica que estamos padeciendo, se están produciendo restricciones presupuestarias en los servicios públicos de sanidad, educación y servicios sociales en varias Comunidades Autónomas españolas gobernadas por los ultraliberales más recalcitrantes -PP y CIU-, defensores de lo privado frente a lo público. Nos dicen que los recortes presupuestarios son necesarios para ahorrar y preservar el “Estado del Bienestar”, lo que no nos dicen es que están sentando las bases para la privatización de estos servicios públicos, principalmente el de la salud, como ya lo vienen haciendo desde años atrás las Comunidades de Madrid y Valencia, ambas gobernadas por el Partido Popular.

El déficit de la sanidad pública, del que tanto nos hablan, viene principalmente motivado por una deficiente planificación de la estructura organizativa, de servicios, de presupuestos y del control del gasto. Los servicios públicos, en este caso la sanidad, pueden ser caros, pero no deficitarios. Pero les interesa decir que son deficitarios para recortar servicios, reducir camas hospitalarias, reducir horarios en ambulatorios y centros de salud, restringir pruebas médicas, suprimir quirófanos, reducir el salario de los profesionales de la sanidad, reducir plantillas y entrometerse en las decisiones que deben de tomar los profesionales (tipo de pruebas médicas y altas hospitalarias, entre otras). Con ello consiguen deteriorar el Sistema Público de Salud poniendo en peligro la salud y la vida de los ciudadanos españoles que acudimos a los servicio públicos de la salud.

Pero no debemos de preocuparnos, tienen la “varita mágica de la privatización” de los servicios públicos de la salud. La iniciativa privada construirá los nuevos hospitales y centros de salud que hagan falta, contratarán a su personal -con menor salario y peores condiciones laborales-, decidirán que pruebas médicas deben de realizarse y cuando se deberá de dar la alta médica al paciente -al margen de la opinión de los profesionales-, eso sí, nos ofrecerán una habitación por paciente y acompañante, un servicio de calidad y un trato cercano con el paciente -como si la sanidad pública no nos diera servicios de calidad y trato cercano con el paciente-, todo ello, evidentemente gratis, ya que estos hospitales y centros de salud privados se integrarían en el Servicio de Salud de las respectivas Comunidades Autónomas, que serán  quienes paguen el alquiler de los mismos por un periodo de treinta años en función de las tarjetas sanitarias que tengan asignadas. Las empresas adjudicatarias y propietarias de estos hospitales y centros de salud privados obtendrían, según sus cálculos, entre un 15 y un 25 por cien de lo invertido.

Para el Partido Popular y Convergencia y Unión la sanidad pública es una gran ocasión de negocio para las empresas privadas y los fondos de inversión. Podemos tomar como ejemplo los nuevos hospitales que están en funcionamiento en la Comunidad de Madrid y la Comunidad Valenciana, gobernados por el PP, en concreto el Hospital Infanta Elena en la Comunidad de Madrid, cuya empresa propietaria es el Grupo Capio Sanidad y su inversor es el Fondo de Inversión Apax Partners. En el negocio de la salud en la Comunidad de Madrid también han entrado grandes constructoras como Fomento de Obras y Contratas (FCC), Sacyr Vallehermoso, Dragados y Acciona.

La sanidad pública, al igual que otros servicios públicos de interés general para los ciudadanos, siempre es rentable para las empresas privadas, si tiene déficit o quiebran, siempre tienen detrás al Estado para proveerlas de los fondos públicos necesarios. En Gran Bretaña, en el año 2007, los Hospitales del Servicio Nacional de la Salud se hundieron, saliendo al rescate de los mismos el Gobierno Británico. Cuando esto ocurre, podemos hablar de una renacionalización de facto sin ningún control público, al igual que está ocurriendo actualmente con las recapitalizaciones de los bancos privados. Ningún gobierno puede permitir que su sistema de salud se hunda.

Si preocupante es el modelo privatizador de las Comunidades de Madrid y Valencia, más preocupante es el modelo privatizador que tienen en mente los Convergentes (CiU) en Cataluña, que pretender vender hospitales, ambulatorios, centros de salud y laboratorios a la iniciativa privada para que después el Instituto Catalán de la Salud (ICS) se los alquile una vez privatizados, de ahí los recortes que están realizando. Además de este modelo privatizador, el Gobierno de la Generalitat a través del Grup Hospital Clínic Barnaclínic+ presta asistencia a los pacientes no financiados por el sistema público de salud con 242 médicos del Hospital Clínico de Barcelona -que es público- lo que motivó que el pasado día 13 de junio de 2011 la Federación Nacional de Clínicas Privadas emitiera la siguiente nota:

“La Federación Nacional de Clínicas Privadas muestra su total apoyo al manifiesto que ha realizado ACES en defensa de los centros privados de Cataluña y muestra su total rechazo a la propuesta de ley “OMNIBUS” que está elaborando el Gobierno Catalán por considerar dicha iniciativa como una competencia desleal contra el sector hospitalario privado. Iniciativas como Barnaclínic son claros ejemplos de competencia desleal y suponen importantes pérdidas para los hospitales privados ya que se utilizan instalaciones públicas pagadas por el contribuyente para ofrecer servicios privados, generando pacientes de primera y de segunda en los propios hospitales públicos.

La Patronal nacional considera que el camino para solventar el importante déficit de Cataluña no debe basarse en el recorte de la concertación o el que los hospitales públicos compitan con los privados en la actividad sanitaria privada, sino que la solución del déficit sanitario catalán pasa por la incentivación del aseguramiento privado y el aumento de la concertación privada”.

Esta ola privatizadora que inició en la Comunidad de Madrid su presidenta, Esperanza Aguirre, y que continuó en la Comunidad Valencia su anterior presidente Francisco Camps, ambos del Partido Popular, es la que otros dirigentes del Partido Popular pretender extender en todas aquellas Comunidades Autónomas en que gobiernan con el apoyo de su máximo dirigente y candidato a las próximas elecciones generales, Mariano Rajoy.

Si las votaciones en las próximas elecciones generales no lo remedian, podremos asistir a esta ola privatizadora de hospitales, ambulatorios, centros de salud y laboratorios que darán servicio a los Sistemas de Salud además de a los asegurados en las compañías de seguros privados, y todo ello con un mayor coste para las arcas públicas y un deterioro de los servicios de salud. No se debe de olvidar que un sistema de salud privatizado es mucho más caro que un servicio gestionado por el sector público, el sector privado se basa en la obtención del máximo beneficio económico, mientras que el sistema público de salud se basa en la universalidad, equidad, solidaridad y rentabilidad social.

El Observatorio Europeo de la OMS en un estudio sobre los sistemas de atención sanitaria apuestan por la sanidad pública frente a la privada. Otra cosa es la opinión de los políticos -no se olvide que a muchos de ellos las administraciones públicas les pagan un seguro privado de salud que ellos mismos se han aprobado-.

De interés:

Ley 14/1986, de 25 de abril, General de Sanidad

Mi Salud No es un Negocio

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5 comentarios »

  1. La verdadera razón del déficit sanitario
    El deficit de la sanidad pública está siendo utilizado por empresarios parásitos, que en vez de innovar y generar nuevas fórmulas de creación de riqueza, buscan aprovecharse de necesidades ya creadas, pues lo primero a tener en cuenta es: ¿no pagan los servicios regionales de salud a las empresas privadas que prestan sus servicios? Cuando alguien acude a un centro concertado a que le hagan una radiología, en 15 minutos, costará a la sanidad pública 60 €, mientras que si lo realizara en un centro público, no tendría que pagar dicha factura, y lo realizan dos profesionales que suponen un gasto de unos 500 € al dia, y en ese tiempo hacen bastantes más de 10. Habría que sumar instalaciones y equipos, pero es que como bien dice el artículo, en la mayoria de casos se han pagado con dinero público.
    Así que solo con sencillos cálculos como éste se puede deducir que el déficit irá en aumento. El tiempo me dará la razón, pero los buitres que nos gobiernan dirán que sin privatizar habría sido peor.
    Además, como se puede hablar de déficit si en éste momento cubre a un 21% de población que, por desgracia, no paga, a inmigrates indocumentados que, también por desgracia, no pagan, a extranjeros que cotizaron en sus paises donde no se les atiende, y ahora vienen a costarle a nuestra sanidad millones de euros, que no está claro que se amortice.
    Nuestra sanidad es deficitaria por impago, y esa es la verdadera urgencia, acabar con el paro y la economia sumergida, y entonces se podrán sacar cuentas.

    • El problema del déficit sanitario en España no es otro que el de la insuficiente presupuestación, mientras que la población española a aumentado en estos últimos años el presupuesto de la salud pública no ha aumentado lo suficientemente para atender a ese aumento de población, de ahí el déficit.
      Sólo hay que prestar atención a las declaraciones que hace el embajador de EE.UU. en España, Alan Solomont, al periodista Luis Faci, del Heraldo de Aragón, en el día de hoy, y cito textualmente: Pregunta del periodista: Usted proviene del sector geriátrico, relacionado con el sanitario. ¿Cómo ve la controversia en España acerca del sistema de salud?. Respuesta de Alan Solomont: España tiene un sistema de salud que los americanos deberíamos envidiar: cuidad de todos, lo hace bien y con un desembolso mucho menor que EE.UU.. Nosotros gastamos un 14 o 15% de nuestro PIB en salud, y España alrededor del 6%. Yo pienso que el núcleo fundamental del sistema es algo admirable, aunque soy consciente de que está infrafinanciado.

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