No somos culpables de la crisis económica y del paro

La gran mentira de Rajoy es decir que “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”.

Las mentiras de Rajoy

Las mentiras de Rajoy

Estoy más que harto de leer y escuchar la famosa frase “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”, con la que nos quieren hacer sentir culpables de la crisis económica española. Políticos, articulistas y tertulianos, no paran de repetirla hasta la saciedad; es incluso portada de muchos medios de comunicación. Pero no nos engañemos, la famosa frase es producto de la más elemental propaganda política para justificar las brutales reformas y recortes sociales que jamás se habían producido a lo largo de nuestra historia; y que trata de persuadir y convencer a los ciudadanos de la necesidad de reformar y reducir al mínimo el propio Estado y el “Estado del Bienestar” para preservar su viabilidad, porque, según dicen y repiten desde el Partido Popular, hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. El Gobierno de Rajoy, sus ministros y adláteres, no cesan de repetirla.  Es la vieja técnica persuasiva del discurso, de la arenga y el verbalismo vacio que conduce a la esterilidad mental; la repetición como medio y como fin; las frases reiteradas, para conseguir ciudadanos repetidos. La consigna del Partido Popular es “Para convencer hay que afirmar, repetir y dar ejemplos”, al igual que en su tiempo lo hiciera Goebbels, ministro de Propaganda del Gobierno de Hitler. Para conseguir este objetivo no han dudado en controlar todos los medios de comunicación públicos, despidiendo o arrinconando a todos los profesionales de los medios que no seguían sus dictados.

No, señores del Gobierno, no hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, la inmensa mayoría de los trabajadores/as hemos vivido y vivimos con el fruto de nuestro trabajo, aunque hoy en día 5.693.100 de ellos/as no puedan decir lo mismo.

Con el fruto de nuestro trabajo hemos creado riqueza y engrandecido España, pero nosotros/as no nos hemos enriquecido, con un salario uno no se hace rico, todo lo más que se puede es ahorrar un poco y procurarse algún dispendio. Hoy en día, ni eso.

Con el fruto de nuestro trabajo muchos empresarios y negociantes se han enriquecido con las plusvalías que les hemos generado, y que muchos no han sabido o querido reinvertir en sus propias empresas y negocios. Muchos prefirieron, como nuevos ricos, gastarlo en segundas y terceras residencias (en la sierra y/o en la costa), en comprar automóviles de alta gama y artículos de lujo, eso sí, todo de importación; los menos, se compraron yates y jets para su ocio o negocio. Aún hoy en día, y en plena crisis, el mercado del lujo sigue creciendo en España.

Otras empresas, que si invirtieron, lo hicieron para comprar otras empresas y ampliar así su negocio en otros países, o para eliminar la competencia, o para diversificar las inversiones en otros sectores productivos; pero lo hicieron con créditos bancarios que ahora tienen que devolver, y muchas tienen dificultades para hacerlo, como ejemplo: la deuda de las empresas promotoras, de las que en enero de 2010, la banca aseguraba que las promotoras no podían pagar su elevada deuda; o la deuda de las grandes constructoras, que multiplican casi por tres su capitalización bursátil. ¿Vivieron, o no vivieron por encima de sus posibilidades?.

Ante la gran mentira de decir que “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”, hay que recordar que los sucesivos gobiernos, el sector financiero y las empresas promotoras y constructoras engatusaron a muchos ciudadanos con el crédito fácil y barato para la compra de vivienda. Eran los tiempos de bonanza económica en los que el sector financiero otorgaba créditos hipotecarios de hasta treinta y cinco años y a unos bajos tipos de interés, con una financiación del ciento por ciento del valor de la vivienda, e incluso más. Las agencias inmobiliarias crecían como setas, con unos vendedores agresivos que convencían al personal para que compraran una nueva vivienda en grandes urbanizaciones construidas al socaire de la liberalización del suelo, a cambio de vender la suya, la de toda la vida, a buen precio. Compre hoy, mañana valdrá más, decían. Jóvenes, y no tan jóvenes, y emigrantes venidos de otros lares buscando “el dorado” del milagro español, cayeron en las fauces de los vendedores agresivos de las agencias inmobiliarias, que les decían, no alquilen una vivienda, cómprenla, van a pagar lo mismo por el alquiler que por el pago de la hipoteca, la vivienda no se devalúa, al contrario, cada día que pasa se incrementa su valor, puede ser el negocio de su vida.

Pero, no, no hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, lo que hemos vivido ha sido una farsa en la que más de los que creemos se han enriquecido a nuestra costa. Muchos de los que compraron viviendas lo hicieron por la necesidad  de tener un techo donde morar, no por capricho, eso sí, a un alto coste e hipotecándose de por vida. Otros en cambio lo hicieron por negocio, para especular y obtener pingues beneficios.

¿Acaso han vivido por encima de sus posibilidades los que se hipotecaron de por vida para tener un techo donde vivir?. No, porque confiaban en lo que les decían nuestro gobernantes y gurús de la economía y las finanzas, que no cesaban de repetir que España crecía a buen ritmo y con buenas expectativas de futuro; por ello, desde los sectores empresariales se hacían llamadas para que vinieran inmigrantes a trabajar en la construcción, la hostelería, la agricultura y el servicio domestico. Nuestros gobernantes y financieros nos decían que los bancos españoles eran los mejores y más sólidos del mundo; ya lo estamos viendo, son de los más endeudados y tienen que ser rescatados con dineros públicos; ¿pero como no se dieron cuenta que el otorgar créditos hipotecarios en demasía a treinta y cinco años, con créditos que ellos solicitaban al interbancario a corto plazo, no les iba a pasar factura, y que no podrían devolverlos?; claro, confiaban en la pirámide de Madoff, que al fin y al cabo es el método de funcionamiento del sector financiero. Todo estalló cuando se produjo la crisis financiera del crédito de las hipotecas subprime en Estados Unidos, que contagió al sector inmobiliario español, estallando la “burbuja inmobiliaria”. De aquellos barros vienen estos lodos; que ahora nos están haciendo pagar injustamente a los ciudadanos que no somos culpables de ello.

No, no “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”, “hemos vivido engatusados por unos trileros de guante blanco que han actuado con total impunidad”.

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